martes, 5 de diciembre de 2017

Daniel Lacalle: “La gran trampa. Por qué los bancos centrales están abonando el terreno para la próxima crisis”.



Daniel Lacalle: “La gran trampa. Por qué los bancos centrales están abonando el terreno para la próxima crisis”.
 
 Uno de los hechos que tienen especiales consecuencias negativas es que todo el mundo tiene sus ideas sobre la economía sin saber, realmente, de economía. El problema se agudiza cuando se habla de tantos economistas, más atentos a la opinión dominante o a los deseos de mejora que a los datos que la realidad ofrece. Daniel Lacalle no elude esa crítica.

Hay algo que desde tiempos recientes levanta sospechas y temores en las conciencias pacatas: resulta que los gobiernos cada vez se endeudan más (en España la deuda pasa del 30% al 100% del PIB en un abrir y cerrar de ojos) y parece que lo hacen aprovechando el bajo nivel de los intereses a pagar. Uno se pregunta ¿qué pasará si suben esos intereses? Porque los gobiernos no dan importancia a ese crecimiento y programan sus ”moderados” incrementos como razonables, al tiempo que, en España, por ejemplo, se devoran los colchones previstos para el pago de pensiones. O sea, el controlador incontrolado
Bien: la cosa es aun mucho más complicada. Daniel Lacalle tratará de llevarnos de la mano a través de lo que parece que deja de ser bosque para pasar a ser selva. El mensaje último que parece enviarnos es muy simple: los estados nos roban de forma constante y nos llevan hacia una crisis profunda, cuya única incógnita es el momento en que va a producirse. Es decir, el famoso “certus an, incertus quando”.

Intentemos ver el panorama que Lacalle nos ofrece. No es fácil comprenderlo cuando se tienen mis muy escasos conocimientos macroeconómicos. La cosa viene enredada básicamente con las ideas de crédito barato (bajos tipos de interés) y emisión de deuda (depreciación monetaria). A eso se incorporan las alusiones a inflación y deflación, empleo y paro, consumo y ahorro.
Lo que en libro se nos cuenta es cómo las recientes crisis económicas han tratado de ser superadas por los gobiernos y los organismos internacionales. La forma de hacerlo se complica además la forma en que todo ello se lleva a cabo: los máximos organismos financieros, es decir, los bancos centrales hacen frente a la crisis dando dinero a bajo precio a los bancos y otros intermediarios privilegiados, dejando a un lado las personas que realmente precisan esos créditos; serán esos bancos los que hagan llegar finalmente a esas personas los créditos, previa selección de sus peticiones, cosa que el estado no quiere ni puede hacerlo. Y, a lo mejor, ni siquiera sabe.
Daniel Lacalle hace un continuo y acertado uso de las imágenes: sí nos dice que lo anterior equivale a que un gobierno interesado en reducir el número de dipsómanos fuera un productor de whisky que lo produjera barato y abundante para pasárselo a ese bajo precio a los comerciantes de bebidas alcohólicas, que lo venderían a su vez caro a los compradores para evitar así que se emborracharan. Bien queda siempre una pregunta que hacerse: ¿Por qué ese productor de whisky vende barato para que otro venda caro? ¿No hay una transferencia de dinero? ¿Y de donde sale ese dinero? Pues de todos.
¿Qué es la “gran trampa”? Quizà sea lo priemro que le pediríamos al autor. Y a contestación es esta: “Una trampa de liquidez es una situación en la que las políticas monetarias expansionistas como el aumento de la oferta de dinero no logran estimular el crecimiento económico” ¿Cuándo puede suceder eso? Pues cuando los agentes económicos (no lo bancos) opten por la prudencia, pese a la tentación de un dinero barato por miedo a lo que pueda venir y sin tener a la vista inversiones atractivas.
El caldo de cultivo de la gran trampa será, por tanto, la utilización por los gobiernos de politicas monetarias expansionistas. O su fe en su eficacia. Daniel Lacalle recurre a la idea de “represión financiera” que “es bajar los tipos y aumentar la liquidez para forzar a los agentes económicos a asumir riesgo, a invertir, con la idea de que los desequilibrios creados se compensarán con crecimiento y empleo”.

Curiosamente, Daniel Lacalle aborda con cierto detenimiento la política económica de Trump. Lo hace para alabarla abiertamente: reduce impuestos, dispendios y burocracia, o sea, ingresos y gastos. Se carga así la nefasta política de demanda de Obama y nos presenta a Mick Mulvaney, el responsable de los presupuestos de Trump. Precisamente hoy, las televisiones dan la noticia de la aprobación de una gran bajada en impuestos, la prometida, lo que contrasta con la explosión de júbilo que invadió gran parte del periodismo cuando se abortó el desmontaje del Obamacare. El actual presupuesto refleja perfectamente la idea de que “el Estado debe ocuparse de la seguridad y poco más”.
Al hilo de eso, se aborda lo llamado QE de la Reserva Federal, que tiene tres etapas y son las siglas de “Quantitative easings” (expansión cuantitativa). Lacalle en un pie de página indica que esa frase supone la utilización del “balance del Banco Central para comprar bonos del Estado y garantías hipotecarias con el fin de liberar espacio en el balance de los bancos y así aumentar los créditos a la economía real”. Digamos al hilo de ello que la economía real es muy testaruda, muy suya, y toma lo que la conviene y rechaza lo que no le gusta. Pues bien, la QE1 fue puesta en marcha por la Reserva Federal en 2006 para superar la burbuja de los subprime. Antes de llegar la presidencia, Obama criticó el déficit de 4 billones de dólares que dejaba Bush con su política presuntamente expansivo tachándolo de antipatriótico. Al dejar la presidencia, el déficit había hasta subido los 10 billones.
Adicionalmente, David Lacalle nos pasea por varios países para ver los distintos fracasos que han supuesto las políticas monetarias expansivas adoptadas. De esa forma, nos avisa de las sorpresas que nos puede deparar la economía de China. Analiza el frenazo sufrido por los países con economía emergentes. Recuerda como Japón nos ofrece una lección de cómo una política monetaria errónea puede condenar a un país al estancamiento durante décadas. No se libra de sus críticas, la Unión Europea, aunque al mismo tiempo defiende la elogiable función de aplcamiento que ha llevado a cabo Draghi, incorporando pautas de moderación en la aplicación de políticas monetarias de reducción del interés.

Si bien el centro de las críticas se orienta a los Bancos centrales, la banca recibe un trato más suave. No la disculpa, pero la compadece, que es peor. “La banca tiene más dificultades para crecer en un entorno de baja inflación, bajo crecimiento y tipos negativos”. “En realidad la política monetaria ha convertido el negocio bancario en un ‘correr para quedarse quieto’ “¿Por qué los compadece? Simplemente porque fueron los bancos los que ejercieron una presión insistente y brutal sobre el BCE para que adoptara esas políticas monetarias, pensado que obtendrían un gran beneficio en ello.
Una de las cosas que hay que agradecer a Lacalle es que afronte la cuestión de cómo salir de las políticas expansionistas. El capítulo que dedica a ello comienza diciendo “No hay nada más fácil que imprimir dinero. Al principio parece genial”. Aparece Keynes afirmando que con ello se había encontrado la forma de “transformar las piedras en pan”. Naturalmente Ludwig von Mieses contestó: “lo que hace es convertir el pan en piedras”. Los posibles éxitos del New Deal fueron en todo caso ralentizando la economía. Luego, el mundo ha ido encadenando politicas keynesianas con parecidos resultados. El keynesianismo se glorifica y nadie parece tener interés en valorar sus resultados. En algun momento, Lacalle desliza la idea de que las ideas económicas se contaminan con la idea de lo “social”.
Es imposible tratar de reflejar aquí la compejidad de datos y opiniones con que Lacalle nos abruma. Cada uno de ellos necesitaría una digestión, una apropación o un rechazo. La lectura directa es necesaria para ello. Esto no es sino un pobre intento de alentar a ello.

Daniel Lacalle termina diciendo que, aunque crítico su libro es esperanzador. Pero de su lectura sólo extraemos una esperanza que apenas respira. La verdadera conclusión de Lacalle es la que cierra el libro: “Reconstruyamos la clase media”. Poque la clase media ha sido la gran pagana de las piruetas gubernamentales y el acomoidamiento bancario, de su manipulación de la inflación y el crédito. Tristemente, la clase media parece que sólo podría impedir esa realidad absteniéndose de consumir e invertir, es decir, provocando involuntariamente la aparición de la crisis de la que no es autora.
Un libro espléndido, lleno de avisos a los navegantes.
 
“La gran trampa”, subtitulada “Por qué los bancos centrales están abonando el terreno para la próxima crisis” (316 págs.), fue escrita por Daniel Lacalle en 2017 y en inglés con el título “Escape from the Central Bank Trap”. La primera edición en inglés se llevó a cabo en Estados Unidos en ese mismo año. En octubre de 2017 la editorial Deusto, del grupo Planeta, publicó su traducción al español, realizada por Jorge Paredes.